Elegir un ordenador portátil para la empresa depende del uso que se le vaya a dar. El gasto económico debe hacerse de acuerdo con las características que sean precisas para un rendimiento óptimo. 

El presupuesto es una de las condiciones que marca la decisión de comprar un ordenador portátil, pero siempre hay que tener presente su utilidad, por lo que nunca es buena idea elegir uno cuyas prestaciones sean demasiado sencillas. 

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Lo primero que se debe pensar es para qué necesitamos el dispositivo; si se va a trabajar con él fuera de casa o de la oficina de manera intensiva lo mejor es elegir un modelo de bajo peso y con buena autonomía de batería. 

Cuidado con el presupuesto 

Los ultrabooks encajan en este grupo y caso de no tener demasiado presupuesto, son una buena opción. El rendimiento no será el mejor, tampoco la resolución de pantalla, ni la capacidad de almacenamiento, pero conseguiremos la autonomía deseada y un peso bajo. 

Eso sí, es preciso que dispongan de unidades SSD que son mejores para estos equipos y no reducir presupuestos en este sentido; si hay que apretarse el cinturón, lo mejor es hacerlo en otro aspecto. 

Por ejemplo, con los materiales; hoy en día los equipos más caros están fabricados en fibra de carbono y aleaciones de metales ligeros con un diseño más estilizado. 

Si esta no es la preocupación principal, lo mejor es optar por un portátil en el que el plástico siga predominando, teniendo en cuenta que la refrigeración en estos es menos eficiente. 

Es conveniente comprobar la conectividad 

La conectividad es otro aspecto que mirar teniendo en cuenta para qué necesitemos el equipo; los más ligeros tienden a sacrificar el número de puertos USB, conectores HDMI, etc. Por lo que hay que tener cuidado, no vaya a ser que luego estos falten. 

Resolución y tamaño de la pantalla 

Sobre el tamaño y la resolución de pantalla, lo mejor es no jugársela y ajustar el presupuesto sin que las limitaciones en este sentido sean excesivas. 

Hay que pensar que, si el uso del ordenador es frecuente, lo mejor es que la resolución sea decente. En caso de que el dinero sea un problema no será fácil conseguir pantallas de más allá de 12 pulgadas. 

Si se pretende tener una pantalla reducida que sea porque se quiera usar el equipo como una tablet, es decir, que se le pueda retirar el teclado y el monitor sea táctil. 

Puede suceder que el uso que se le vaya a dar preferentemente sea para editar vídeos o imágenes. En este caso además de un buen procesador, memoria RAM o una buena unidad SSD, la pantalla debe tener como mínimo 1080 p de resolución y un tamaño que sea cómodo, de al menos 15 pulgadas. 

Si el equipo se va a utilizar preferentemente para ofimática, no será preciso preocuparse por la tarjeta gráfica, cosa que sí es importante en el caso de que se vayan a editar vídeos 4K o juegos de última generación. 

No obstante, si hay que escoger alguna tarjeta gráfica, lo ideal es elegir dentro de una gama que permita optimizar su uso y, de esta forma, no gastar innecesariamente en algo que normalmente eleva el precio. 

Escoger un portátil según el procesador y la memoria RAM 

Con relación a los procesadores y la memoria RAM, si no hay que trabajar en edición de vídeo o imágenes, lo mejor es que esta última prime sobre el primero. 

Esto es porque con un procesador medio y una RAM de 8 GB, por ejemplo, el equipo tendrá un buen rendimiento. Además, es preciso tener en cuenta que se venden ordenadores en los que no puede ampliarse su memoria RAM, por lo que tener un mínimo que permita un buen rendimiento es indispensable. 

Con todo esto lo que importa es saber para qué queremos un ordenador portátil y después en función del presupuesto, comprar el que se ajuste mejor a nuestro trabajo para aumentar la productividad de la empresa. 

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